7 de noviembre de 2007

Un pingüino en mi ascensor - El sangriento final de Bobby Johnson


Nunca debió amanecer aquel día gris en Nueva York
en que a los johnson se les ocurrió ir de visita al zoo
nunca debió amanecer para el pequeño Bobby
que quiso realizar el sueño de tantos escolares
metiendose en la jaula de los osos polares
oh, nunca debió amanecer
Y ahora todo el mundo llora
Mister Johnson echa la culpa a su señora
maldito el día en que se te ocurrió
llevar al niño de paseo al zoo de Nueva York
El presidente de la compañia de seguros llora desconsoladamente
Y soportando las estúpidas miradas de la estúpida gente
los pingüinos no dejan de llorar
Los osos no fueron conscientes de su error
notaron, eso si, un ligero cambio de sabor
no les acabó de convencer el pequeño Bobby
Estaba poco hecho, yo le hubiera dejado diez minutos más en la sarten
Yo le habría añadido una pastilla de Avecrem
a cualquier cosa le llaman hoy comer
Y ahora todo el mundo llora
Mister Johnson echa la culpa a su señora
maldito el día en que se te ocurrió
llevar al niño de paseo al zoo de Nueva York
El presidente de la compañia de seguros llora desconsoladamente
Y soportando las estúpidas miradas de la estúpida gente
los pingüinos no dejan de llorar.

1 comentario:

$. M. K. dijo...

Un servidor no se ha olvidado del pinguino y mucho menos de sus letras tan divertidas. Le recomiendo que escuche Doña Cristina no se arrepentira

Un blog muy curioso este de las canciones olvidadas, le enlazaré en el mío