Joder, casi un año de la última entrada. He estado muy perro, es evidente...
Nada que ver con la común historia nadie me quiere y todas esas cosas ella fregaba suelos, nunca se compró ropa por darle un buen colegio multiplicó las sobras cuál sería el instante, quién le enseñó estas cosas cuándo probó la muerte y amaneció entre sombras
Qué te puedo dar que no me sufras qué te puedo dar que no te hundas que no vea en tus ojos reflejos de cristal que me mata tu angustia, que me puede tu mal Qué te puedo dar...
Quiso ayudarle sin saber ni cómo y aunque no pudo fue vendiendo todo pero todo era poco para un saco sin fondo un golpe a una farmacia, algún pequeño robo ya de vuelta en la casa del hospital sabía que más pronto que tarde la herida se abriría
Qué te puedo dar...
Con la prudencia que da la locura buscó los datos, aclaró sus dudas con un último esfuerzo le compró la más pura y al mirarle a los ojos se le borró entre brumas él creyó que soñaba en el fugaz instante en que acabó su tiempo abrazado a la madre
Traigo la camisa roja Trailarai larai, trailarai Traigo la camisa roja Trailarai larai, trailarai De sangre de un compañero Mirá, mirá Maruxina, mira mirá como vengo yo. De sangre de un compañero Mirá, mirá Maruxina, mira mirá como vengo yo.
Sentado en el quicio de la puerta el pitillo apagado entre los labios con la boina calada y en la mano una bara nerviosa de avellano que recuerda su frente, limpia y clara. Quizás la primavera deshojada el olor de la pólvora mojada o el sabor del carbón mientras picaba. El abuelo fue picador allá en la mina y arrancando negro carbón quemó su vida.
De sangre de un compañero Mirá, mirá Maruxina, mira mirá como vengo yo. De sangre de un compañero Mirá, mirá Maruxina, mira mirá como vengo yo.
En la planta catorce del pozo minero de la tarde amarilla tres hombres no volvieron hay sirenas, lamentos, acopasados aies a la boca del pozo.
Dos mujeres de luto anhelando dos cuerpos y una madre que rumia su agonía en silencio es el tercero.
A las diez la luna clara se refleja en las sortijas del Patrón recién llegado con sombrero, gravedad y su aburrido gesto. El ha sido el primero, vendrán gobernadores alcaldes, ingenieros. tratarán de calmar, la presentida viuda que se muerde el pañuelo no sabrán acercarse a la madre que les mira con los ojos resecos.
A las doce el patrón mirara su reloj los otros ya se fueron y en un punto y aparte esbozará un fastidio mientras piensa ¿pero donde están estos?
Ha llegado otro relevo de bomberos y la una menos diez era la noche el primero muerto Sentados en el suelo, los mineros se hacen cruces y reniegan de Dios quién diría les pillara de sorpresa la tragedia repetida a veces el más bravo se le queda mirando fijamente al patrón con dientes apretados Y el patrón con sombrero, tiene dos policías a su lado no hay cuidado
Tres horas lentas pasan a la luz de las linternas asustadas el cura con los ojos arrasados al segundo le va uniendo sobre el pecho las manos y un chaval de quince años mientras llora impotente se abraza contra un árbol y el chófer del patrón con su gorra de plato se siente desplazado, es un hombre prudente, bien domado.
El rocío ha calado hasta los huesos cuando sale el tercero le recibe con sonrisa gris azul la madrugada y con voces los mineros mientras se abrazan todos y uno de ellos el mas fiero por no irse al patrón llora en el suelo.
Este es un video que formó parte de "Hay motivo", un proyecto del mundo de la cultura española para denunciar diversos temas sociales en España hace unos años. Y este, por desgracia, no deja de ser un tema de actualidad.
A las que se rebelan, no se callan Las humildes y las mansas Las que imaginan cosas, imposibles, el derecho a ser felices
A las que viven solas, pisoteadas las que ya no esperan nada A las desamparadas olvidadas, las que caen y se levantan
Cuántas vidas humilladas cuántas lágrimas calladas lo más triste es la tristeza en el club de las mujeres muertas
A veces porque miran, porque callan, porque piensan, se delatan A veces porque cuentan, porque lloran, o porque no entienden nada
Hay quien perdona todo, a quien las mata, por un beso, una mirada Hay quien lo espera todo, de quien ama, y no pierde la esperanza.
Cuántas vidas humilladas cuántas lágrimas calladas lo más triste es la tristeza en el club de las mujeres muertas
Quemadas, arrastradas por los pelos, torturadas, devastadas, violadas legalmente, apuñaladas, algún juez las mira y pasa
Dicen que tienen celos y se nublan, que no saben lo que hicieron y cuando beben dicen, no ser ellos, yo soy yo más este infierno
Cuántas vidas humilladas cuántas lágrimas calladas lo más triste es la tristeza en el club de las mujeres muertas
Vivo en mi pueblo pequeño Le fe, la alegría, la paz del hogar Hay una niña morena Que tras el trabajo me llena de paz Hay una ermita en el monte Que todas las tardes escucho cantar Y aquel arroyo tan claro Que riega los campos que son nuestro pan
Era la tarde un suspiro Y aquellos soldados llegaron acá "Quietos los niños y viejos La gente más joven tendrá que luchar" Viendo el fusil en mi mano Cerrando los ojos disparo al azar Bala perdida que mata Cualquier inocente con ansia de paz
¿Por quién lucho yo Si en mi corta vida no existe el rencor? ¿Por quién lucho yo Que vivo la vida con fe, con amor? Juan debes de callar Esto es una guerra no lo has de olvidar Juan trata de olvidar Aquella muchacha, la paz del hogar
Llegan los años de cárcel Yo soy un cobarde no quiero matar Dicen que nuestros soldados Ganaron la guerra, renace la paz Vuelvo a mi pueblo pequeño La gente sonrie, murmura al pasar "Mira aquel joven cobarde Que vuelve la espalda en vez de luchar" Dejo con pena las cosas Que fui levantando y solo sin más Vivo aquí arriba en el monte Soñando que un día pueda regresar.